mis almas

sábado, 18 de junio de 2011

la fuera del amor cap 4











Elizabeth estaba desconcertada, no entendía a que secreto se referían  ¿Qué era eso tan grave capaz de frenar a Doña Victoria? Nunca había visto que su madre le tuviera miedo a nada y ¿Qué tenia que ver mama luisa en todo esto?  La pena y el dolor no la dejaban pensar con claridad. Le dolía tener que agachar la mirada cada vez que este el estuviera cerca.
Luisa tomo la mano de su protegida y se la llevo de la cocina. Elizabeth llevaba la boca con sangre. Fernanda que estaba ordenando la sala donde se había hecho la fiesta preocupada dejo una bandeja a un lado y se dispuso a seguirla. Pero  se escucho un grito.

¡¡Fernanda quédate donde estas y termina lo que estabas haciendo, no hay nada que mirar!!
-     Si, madre

Fernanda quedo mirando a Elizabeth con el dolor en el rostro, se sentía tan impotente al no poder defender a su hermana pero tampoco se podía enfrentar a doña victoria ya que todos le tenían miedo, no aguantaba la hora de que su madre se fuera a acostar, para recurrir al lado de su hermana y consolarla hasta el cansancio.
Mama luisa se encerró en el cuarto de Elizabeth, está lloraba desconsoladamente en el regazo de mama luisa.

-     mi niña hermosa, nunca te he visto llorar tanto. Me tienes preocupada.
-     Si, pero lloro, lloro con el pecho apretado, por que me gusta Eduardo y nada puedo hacer- Luisa suspiro
-     Sabía que algún día te iba a pasar.  

Elizabeth se sorprendió al sentir una lagrima caer desde arriba aterrizando en su mejilla, se afirmo de su codo para asi elevarse y ver el rostro de mama luisa.

-     ¿mami por que lloras? Te juro que no quería que te pusieras triste por mí.
-     No es eso hija.
-     ¿Qué es entonces? Cuéntame que es lo que sucede- pero luisa aguardo silencio, ella sabia que en algún momento Elizabeth tenía que saber la verdad o al menos parte de ella. Pensando en esa razón se dio valor de hablar.
-     ¿Tú sabes que yo soy mayor que tu madre? –Elizabeth asintió- bueno… - luisa vacilo- yo soy la… la hermana mayor de victoria.

El rostro de Elizabeth reflejaba el pánico, y la sorpresa. Siempre  se había preguntado por que su mama luisa nunca se había casado ni tenia hijos. Ahora sabia la respuesta: tubo que cuidar a su madre hasta el ultimo día de su vida. Y lo peor de todo, que al ver esos ojos grises humedecidos surcados con arrugas alrededor, se veía a ella misma años después.

-     Me enamore – prosiguió luisa-  ame a un joven mas que a mi vida, el era todo para mi y yo para el, pero mi madre y sus tradiciones – las dos suspiraron a la vez- me separo de el y lo casó con mi hermana.
-     ¡¿Qué?! ¿mi… mi padre?
-     Si, nunca nos pudimos olvidar. Al cabo de los años yo tuve que irme al extranjero a causa y voluntad de mi madre.  cuando ella estaba en los últimos días de su vida yo regrese. Y aunque no lo creas yo he sido la que ha hecho que victoria y toda gente que lo sabe guarde el secreto, yo misma me convertí en la cocinera de esta casa. No quiero  que la gente ande hablando de mí. Y que ande inventando cada cosa por allí. Para ellos aquella niñita de aspecto apenado, se fue de la casa un día y no volvió jamás.
-     No puedo creer que mi madre te allá hecho eso.
-     No lo creas, ella no quería casarse, bueno ella no lo ama…bueno ya basta de charla.
-     Pero yo quiero saber
-     todo a su tiempo preciosura algún día todo se va ha saber.
-     lo siento mucho por ti mamá.

Y se abrazaron fuertemente,  Elizabeth por un lado se alegraba de saber que su nana, que su guía, su consuelo, su protección, su madre en muchas maneras compartía su sangre, pero por otro lado, en pocas palabras había visto su futuro en un par de minutos, ella arrugada, sin esposo, ni perro que le ladrara, atendiendo a su hermana y sus hijos.
Se escucho como se habría la puerta, miraron asustadas pero solo se trataba de Fernanda. Quien corrió a abrazar a su hermana y la nana de la casa. Elizabeth lloraba más aun mientras que luisa le contaba a Fernanda todo lo ocurrido.

-     Ya no llores mas- Fernanda le acariciaba el pelo a su hermana.- no todo esta perdido.
-     Claro que lo esta. ¿no oíste a mama? Ella no permitirá que me acerque a Eduardo.
-     Pero es que… Eduardo no tiene dueña… además el no permitirá que lo alejen de ti.
-     Ahí Fernanda- se quejo Elizabeth- lo dices como si supiéramos que yo igual le gusto a el.
-     Yo lo se.- replico ella. Con un deje de entusiasmo.
-     Ahí por favor- se volvió a quejar Elizabeth.
-     Hermanita. Yo se lo que dijo. Eduardo se lo dijo a mamá- Elizabeth la escuchaba con los ojos abiertos por la emoción, mientras que Fernanda relataba detalle a detalle lo que había escuchado en la sala.
-     no importa que nos gustemos mutuamente no podemos hacer nada. Ni el ni yo, el destino ya esta escrito y el va a terminar enamorándose de Regina y yo cuidando de mi madre hasta su muerte
-     ¡No! – gritaron Fernanda y luisa a la vez-
-     Tienes que luchar por ese amor – procedió Fernanda
-     ¿Te acuerdas lo que hablamos recién? –Pregunto luisa, Elizabeth asintió- no quiero que suceda lo mismo.
-     Pero… pero
-     ¡Pero nada!- Repitieron las dos.

Elizabeth estaba confundida y con el corazón destruido. No sabia que pensar.
-     voy a la playa necesito estar sola un rato.
-     claro -le dijo Luisa- todo lo que quieras todavía es tu cumpleaños- le dedico una sonrisa
-     piensa en lo que te dijimos – intervino Fernanda. Elizabeth solo sonrió.

Elizabeth tomo una manta de encima de la mecedora y salio de la casa. No había nada mas que le gustaba el salir de noche a caminar por la playa era lo único que la llenara de paz y tranquilidad después de un día de estrés, sobre todo ese día que habían ocurrido tantas cosas. Parecía que le explotaría la cabeza y todo en el día de su cumpleaños. Era como si su mala suerte la persiguiera… pero habían cosas que ella rescataba de aquel ftálico día; su madre antes de que pasara el desastre, se había acercado a ella de un manera que nunca imagino, conoció a una persona que por primera vez despertó sentimientos que ella no pensaba sentir jamás, pero toda la felicidad se desvaneció en cuanto vio a Regina mirando a Eduardo como si fuera de su propiedad, supo que era un amor imposible, la advertencia hecha por su madre no se iba de su mente, se quedaba allí torturándola, siempre que la intachable Doña Victoria prometía algo lo cumplía, y no había fuerza sobrehumana que pudiera con ella. A eso se le sumaba el hecho de la confesión que  le dio su mama luisa, que en realidad era su tía. Elizabeth pensando en todo esto recorría toda la playa caminando tristemente, imaginándose como seria su vida después de ese día. Empezó a caminar mas rápido al ver una sombra caminando en dirección hacia ella, era muy tarde y la gente común no solía pasear por la playa. Por la neblina no se podía ver bien quien era. Pero que mas daba, no se preocuparía por las personas que caminaban al igual que ella por la playa.
Agacho la cabeza y siguió caminando, tratando de no mirarlo, el paso por su lado, y algo hiso que ella se girara a verlo, parando bruscamente su andar. El también se le había quedado mirándola. Y si conocía a ese hombre. Lo había conocido esa tarde, en su fiesta, y que probablemente cambiaria su vida por siempre. Eduardo la miraba con esos ojos que fácilmente podrían prenderle fuego a las olas, una sonrisa radiante se extendió por el rostro de aquel muchacho, y a Elizabeth le cubría el rostro un rubor involuntario, fue incapaz de resistirlo y le devolvió la sonrisa, aunque de inmediato escucho la voz de su madre, de entre su cajón de los recuerdos, esa advertencia la seguiría por siempre, cada vez que lo viera.
Agacho la cabeza y se apresuro a irse. Pero como era de esperarse Eduardo se lo impidió, entrelazando sus dedos entre los de ella. A Elizabeth se le corto la respiración cuando el se acerco a ella y le acaricio con su dedo índice el labio roto por el golpe de doña victoria. Esté tragaba dificultosamente tratando de deshacer el nudo de su garganta.

-     yo… lo lamento mucho, nunca pensé… yo no sabia que iba a ocasionar tantos problemas, lamento haberle estropeado así un día tan especial.

A  parte de hermoso era inteligente e intuitivo. Pensó Elizabeth.

-     no se preocupe, no fue culpa suya usted no sabia nada soy yo la lamenta ocasionarle este tipo de problemas tan embarazosos.
-     pero como dice algo asi, lo que le dije a su madre es cierto no se como ni por que pero algo muy raro y fuerte me pasa cuando estoy con usted y no estoy 
     dispuesto a dejarlo ir.

Holaaa chicas.... como les va? espero que de maravilla. 

ven? actualice mas seguido Gracias a sus magnificos comentarios
que siempre me suben el animo. 
espero les aya gustado el capi. y espero sus comentarios hee?
besos!


3 comentarios:

Cruz de plata dijo...

Que tiierno !! Me encanto este capitulo :)

mirgru dijo...

Coincido. Es un capitulo con mucha ternura y veo como creces en intensidad, confianza y emoción. Me da mucha alegria recibir tus alertas.

Clara dijo...

Madre mía, es muy intenso. ¿Llevas mucho tiempo con la historia? La mía está empezando

clarayork.blogspot.com

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