mis almas

martes, 8 de abril de 2014

El secreto de Lizzie

Ufff. hace muchísimo tiempo que no pasaba por aquí. espero no se olvidaran de mi :) Pienso retomar la lectura y ojala me apoyen :3 Les traigo esta nueva novela que me tiene muy entusiasmada. disfrutenla :)

Capitulo uno



06-junio-2017                                    06:36


Otra vez a levantarse. Vamos Liz, saca los pies de la cama. Me reprendí, vas a llegar tarde.
Me di el lujo de permanecer diez largos minutos bajo la ducha caliente, tomándome el tiempo con el shapoo y jabón. (Lo que realmente era una verdadera azaña ya que mi pelo es largo y en ondas)
¿Por qué me tenía que levantar tan temprano? Ok, si lo sé, porque soy idiota. Si fuese más inteligente a esta hora estaría soñando con ponéis y estrellas, aunque no sea cien por ciento cierto. Suspire y cerré la ducha, me envolví en una toalla, y me dirigí a mi cuarto, específicamente a mi armario; Ahora bien ¿Qué demonios me iba a poner? ¿Qué te ibas a poner cuando vas a fotografiar a un actor famoso? Solo a mí se me ocurría haber aceptado semejante cosa, pero me gustaba llevar la vida que había elegido, no rodeada de grandezas pero si teniendo pequeños lujos, era consiente que no todo mi ingreso era gracias a la fotografía, pero una oportunidad como esta no la podía desaprovechar así como así.
Por lo general solo hacia fotografías, cuando yo quería y como yo quería, poco a poco, sin darme cuenta fui subiendo de prestigio, cuando Sebastián, me compro todas mis fotografías e hizo una galería de arte, sin saber cómo, los cuadros se dispararon a la fama. Todos querían comprar mis obras, el problema es que a mi griterío, el arte no se compra, por lo general, regalo mis cuadros a instituciones benéficas, o quizás de vez en cuando vendía una que otra fotografía a un buen valor, pero esto, esto era pasarse de la raya, aunque… ¿Quién me podía culpar? Con lo que ganaría hoy, perfectamente podría pagar mi última cuota de mi departamento, y solo por una o quizás dos horas…
***
¿Dije dos horas? Ah, sí claro, dos horas… llevo esperándolo.
¿Pero cómo se atrevía? que falta de respeto, está bien que sea importante, pero no puede pasar por delante a todo el mundo, los demás también tienen vida ¿no?
- Liz, es un hombre importante, quizás le ocurrió alguna emergencia.
- Ahí por favor Mylen, yo también soy importante, y no me gusta desperdiciar mi tiempo – la miro ceñuda- me levante temprano para nada- se ríe divertida.
- Alguna vez que te levantes temprano.
- Ahí Myl, uno de los más grandes placeres de la vida es dormir, después del sexo claro – sonríe –y la comida... –añado. Se ríe nuevamente- sin contar con que una buena lectura no le va mal a nadie- alza la cabeza.
- Mira- me dice mirando hacia la puerta- llegó.
Alzo la cabeza y en mi fuego interno me quede boquiabierta, había escuchado que era guapo y sexy, pero eso es quedarse corto, de pronto se me olvido por completo las dos horas de interminable espera.
No era pálido, tampoco demasiado moreno, su color era típico de los bronceados, parecía muy natural, aunque claro no lo podía asegurar. Sus ojos era de un chocolate chocolatoso incluso a la distancia se mostraban cálidos pero con una divertida chispa de malicia, mandíbula cuadrada, contorno de perfil suave y perfecto, y sus labios… dios mío ¡Esos labios! eran carnosos, se veía la textura, de esos que ves y te dan ganas de mordisquearlos, de saborearlos. Se movía con gracia, mirando con una sonrisa juguetona a las modelos que casi se lo comían con la mirada. Tenía buen físico, pero no en exceso, se le notaba sus músculos debajo de la camisa negra ajustada que tenía puesta y vestía pantalones caquis.
- ¿Liz? Mmm… espera… ¡Yo conozco esa mirada!- mylen me hizo volver a pisar tierra firme.
- ¿Qué?- me sobresalte- ¿Qué mirada?
- ¡Te gusta!- maldita ¿Por qué me tenía que conocer tan bien?
- No. No me gusta.
- Crees que soy tonta ¿no? O peor, que no te conozco.
- Myl… primera vez en la vida que lo veo, y dices que me gusta.
- Punto uno- enumero alzando los dedos- lo hubieras visto si de vez en cuando prendieras la televisión, y punto dos… no me digas que lo vienes recién conociendo, porque te has acostado con tipos que has llegado y visto, incluso en menos tiempo que él.
- Oye… no seas así, como dices tú… punto uno, no llego y me acuesto con cualquiera punto dos solo pasó una vez y fue porque ese tipo era realmente buenísimo.
- ¿Estas insinuando que ese bombón que está allí no?
Volví mi vista de nuevo hacia él, que en ese momento saludaba al director, y anda a saber tú de que reían, pero su sonrisa le añadió incluso más calidad a su rostro.
Sí, maldita sea, realmente estaba bueno, incluso mejor que ese tipo en el bar…

¿Algún comentario  para mi? <3

lunes, 18 de julio de 2011

Oneshot ♥ Dulce ternura

Dulce Ternura

-         ¡Mami, mami! Tu que lo sabes todo, me podrías decir ¿Por qué el mati siempre me molesta?- la madre rie suavemente, con dulzura
-         Por que aun son niños mi amor, ya veras que cuando crezcas el ya no será grosero conmigo.
-         Pero mami, yo también soy chica y yo no lo molesto… además estoy cansada de que haga que me duela mi corazoncito.
-         Pues entonces dígale que le hace daño, y que ya no lo haga mas.
-         Bueno… ¿Sabes? Yo si lo he intentado, pero no puedo es que el intimida mami- concluye cruzándose con un pequeño puchero en los labios.
-         ¿Por qué mi vida?- la madre pregunta extrañada- ¿Es que acaso es muy grade para ti?
-         No mama… ¡pero es muy lindo! Y cuando me mira con esos ojos que tiene me quedo muda- confiesa tapándose la cara con su manitas. La madre con incredulidad ve un adorable sonrojo a través de los dedos de la niña.
Diez Años Después
Hoy por fin será el día, el día que empiece mi vida de adulta, que vele por mis intereses, tendré que salir a buscar mi propio camino. Hoy el día de graduación, el momento mas esperado, por fin seré una persona con un titulo profesional y además hoy había llegado el momento de deshacerme del estúpido de Matías.
*o*
Alce hacia el cielo mi gorrito de graduacion, luego de lloriquiar todos por la inevitable despedida promertiendonos volver a juntarnos en algún futuro cercano, extrañaría a horrores a mis amigos a todos menos a esa persona.
Camine hacia la calle donde un auto me espera con mis padre y amigos listos para celebrar mi gran paso en casa. Pero antes de subir sentí como alguien jalaba de mi brazo, al darme cuenta mira sorpresa, me encontré con mi pesadilla viviente y el dueño de mis ilusiones.
-         ¿Qué quieres?- pregunte enfadada. Se llevo la mano al pelo, parecía nervioso
-         Amm ya sabes, quería que esto no se acabara, bueno me refiero a seguir viéndonos afuera, Amm como amigos- lo mire recelosa. Mirando atentamente esos ojos esmeralda que siempre me había maravillado y bloqueaban todos mis sentidos, pero que con el paso del tiempo había aprendido a ignorar.
-         ¿para que? ¿Para que sigas asiéndome la vida miserable como lo has hecho todos estos años? No, gracias.
-         Noo… no, no, no. Por favor no pienses eso, no es por…
-         ¿Por que es entonces?- lo interrumpí cruzándome de brazos.
-         Es que… yo… Te amo Caroline, y siempre lo hecho- sin esperármelo ya que estaba totalmente petrificada se acerco a estampar sus cálidos labios con los míos.

Bueno chicas hoy les traje este pequeño os, se me ocurrió mientras trabajaba xDD primera cosa que les traigos y no es deprimente. espero sus coment chicas... son la unica vitamina para estas neuronas jajaj! besos las quiero


jueves, 14 de julio de 2011

la fuera del amor cap 5


Capitulo cinco 
El corazón de Elizabeth latió con violencia al haber escuchado esas palabras,  Elizabeth lo quedo mirando era alrededor de cinco centímetros mayor que ella.

-     Pero tendrá que dejarlo ir, mi madre ya se lo dijo, yo no puedo casa… en cambio mi hermana.
-     pero ¿Qué tiene que ver su hermana aquí?- pregunto desconcertado.
-     Jajá- Elizabeth se rió sin ganas- ¿Acaso no se dio cuenta? Mi hermana babea por usted, y mi madre alucina por que ella pasee de su brazo.
-     Pero… pero ¡eso es un absurdo! ¿y ella cree que lo voy a aceptar?- los ojos de Eduardo centellaron. Se acerco mas para tomar la cintura de Elizabeth- eres tu la que me gusta, eres tu la que me vuelve loco, tu pelo, tus ojos, tus mejillas sonrojadas, tus labios Elizabeth se estremeció al sentir como Eduardo separaba sus labios con sus dedos. Tu voz, tu personalidad, tanto tu coraje como tu vulnerabilidad.

Elizabeth estaba tan impresionada que no lograba decir ninguna palabra. Pero nuevamente la amenaza de su madre torturo su cordura.

-     Mi hermana lo quiere, y yo no me meteré en ello, le dejare el camino libre.
-     pero no creo que ella este interesada en mi, además creo que debería estar furiosa, por que su madre intenta manejarle la vida de esa forma… además aunque usted no exista yo ni en pesadillas podría tener algún asunto amoroso con ella- termino gimiendo y recordando la horrorosa sonrisa.
-     ella esta interesada en usted y mi madre quiere verlos casados, le puedo asegurar de que no descansara hasta lograrlo.
-     ¡No! Esto es… es enfermizo. Yo no me casare con ella, nunca jamás… la única que me interesa es usted ¿Qué puedo hacer para hacerla entender?

Elizabeth en vez de decir algo vio que Eduardo iba acercando su rostro al de ella y a su vez su corazón respondía enloquecido.
A Eduardo también se le empezó a acelerar su corazón junto al de Elizabeth en ese momento sus corazones estaban tan sincronizados que parecían como si estuvieran cantando una danza de amor. Eduardo alcanzo un mechón de pelo que estaba libremente balanceándose sobre la cabeza de Elizabeth y se lo deposito detrás de la oreja. Elizabeth estaba a punto de desmayarse pero antes de que esto pasara Eduardo se acerco tanto que tubo los labios carnosos de Elizabeth a un solo centímetro de los suyos el vacilo, pero al fin presiono sus labios contra los de ella suavemente. Menos mal un minuto más y Rosalie se hubiera desmayado. En el preciso momento en que se encontraron sus labios, la sangre debajo de ellos hervía violentamente pero sin embargo Eduardo la beso con ternura con una pasión que no quemaba Elizabeth se dejo llevar por un momento. Olvido todo y todos solo le importaba que en ese momento ella podía disgustar el dulce sabor de sus labios y recordaba todos los consejos que le habían dado mama luisa y Fernanda
Te acuerdas lo que hablamos recién, ya… no quiero que suceda  - Tienes que luchar por aquello.
Y gracias a esas palabras sus labios buscaron con amor el lugar entre los labios de Eduardo se besaron un largo momento con el corazón de ambos en las manos. Pero sintieron que alguien se aclarara la garganta se separaron en un instante con el miedo escrito en los ojos sobre todo
En los de Elizabeth Eduardo tenia miedo, si, pero por lo que le podía pasar a su princesa no por el, pero Elizabeth se relajo y a la vez Eduardo, era Fernanda que los miraba con alegria, se podía ver que la excitación retumbaba en sus ojos.

-     disculpen por interrumpir un momento tan lindo en sus vidas… pero Elizabeth mama va a despertar dentro de poco tiene que tomarse la pastilla

De pronto los tres miraron hacia la casa y se encendió la luz de la recamara de doña victoria. Fernanda saco la
Mano de Eduardo de la cintura de su hermana con un
-     con permiso- Elizabeth rió nerviosamente y Fernanda jalo de ella para que se fueran Eduardo se rió entre dientes y le dijo
-     mañana te espero aquí al anochecer cuando su mama se acueste.
-     si claro, claro, aquí estará – respondió Fernanda por ella-  ¡pero ya vámonos Elizabeth! Mama nos va a matar si no estamos en casa.

Se apresuraron a entrar y corrieron hacia el cuarto de Elizabeth y se encerraron en el. De pronto a las dos les dio un ataque de risa saltando como niñas chiquitas. Fernanda no paraba de felicitar a su hermanita diciéndole que hacían una pareja preciosa y le exigió que le contara paso a paso como llegaron a besarse. Elizabeth le contó detalle con detalle todo lo que había pasado. pero de un momento llego el silencio y la cara de tristeza de Elizabeth no se la quitaba nadie. Sabia perfectamente que después de ese beso todo había cambiado no podría olvidarlo y la atormentaría por el resto de su vida sabia que esa cosa tan intensa que sentía por el, aquello que no se sentía capaz de describir era imposible. Pero no lo podía resistir ya estaba condenada a la pasión y el amor de Eduardo, todo esto se lo dijo a Fernanda ya acostadas, era tanto lo que tenían que decirse que Fernanda se quedo a dormir con ella, la sonrisa de excitación había desaparecido del rostro de Fernanda, era como si estuvieran sincronizadas la tristeza de Elizabeth era la de ella y viceversa pero antes de que Fernanda dijera palabras de aliento para que siguiera adelante sin importar lo que sucediera. Se sintió unos pasos por el pasillo a dirección de la habitación de Elizabeth supieron de inmediato de quien se trataba, se encogieron de una forma inmediata y se hicieron las que dormían profundamente. Doña victoria se asomo por la puerta y al ver a las dos “dormidas” se fue a acostar esto lo hacia todas las noches lo hacia después de tomarse su pastilla.
A penas doña victoria cerro la puerta a sus espaldas, las dos hermanas se destaparon con otro ataque de risas, pero no duro mucho ya que Fernanda era muy buena para dormir, y en cosa de segundos callo en un sueño cálido.
En cambio Elizabeth seguía pensando en los pros y los contras de aquella situación, en el fondo bien en el fondo, sentía, sabia que no podía zafarse de Eduardo, además ¿Qué le podría hacer su madre que no le hubiese hecho ya? ¿echarla de la casa? eso nunca pasaría, su madre vivía mucho del que dirán como para hacer semejante cosa… por lo tanto, ya basta de confusiones, jugaría hasta donde creería que podría jugar, lejos de su madre y de su hermana, una cosa es que no pueda casarse y otra es que no pueda conocer el amor.
En la mañana cuando despertó, tenia una confusión inmensa en la cabeza, por un momento pensó en la descorsentante pesadilla o tal vez en el sueño, depende del punto de vista de la persona, se sentó en la cama como hacia en todas las mañanas, y estiro su cuerpo se dispuso a pararse y giro la cabeza al ropero ¿Qué se podría hoy?
¿A quien le importaba? vio a Fernanda en su cama durmiendo, de pronto llegaron a la mente todas las imágenes y palabras del día anterior, que había confundido por un sueño, la cabeza le dio vueltas
-     ¡¡dios santísimo!! ¡¿Qué hice?!- Fernanda estaba dormida y gracias a los gritos de Elizabeth se despertó de un salto toda  desorientada
-     ¡¿estas loca?! ¡vas a despertar a mama! ¡¿Qué te pasa?!

Elizabeth se tapo la boca con la mano y se dirigió a donde su hermana se sentó junto a ella y entre cuchicheos le dijo avergonzada.

-     Bese a un chico.

Dijo con una nota de incredulidad en la voz. Una sonrisa picara apareció en el rostro de Fernanda

-     si ¿y…?
-     ¿Cómo y…? mama me va a matar
-     Si, a un chico hermosísimo que te adora y daría lo que fuera por estar con tigo deberías estar contenta

Elizabeth se relajo y la alegría le lleno los ojos, abrazo fuertemente a su hermana se vistió y se apresuro a salir a
La cocina a contarle lo que había pasado a su mama.

-     no dejes que nadie te arruine esta felicidad, es tuya solo tuya y defiéndela con uñas y dientes para que nadie te la arrebate.
-     No estoy segura de eso, presiento que en cualquier momento voy a despertar del sueño a la realidad, tengo tantas cosas en la mente y estoy preocupada por Fernanda
-     ¿por Fernanda?
-     Si mamá, acuérdese que como ahí un destino fijo para la mayor de sus hijas ahí uno para la menor aunque sea por minutos Fernanda es la mas pequeña  y apuesto lo que sea que mi madre no lo ha olvidado
-     ¡¡claro!! Se me había olvidado, ella tiene que casarse antes de los 15 años
-     ¡¡extracto!! Y por lo que he visto nadie se ha acercado a pedir su mano eso significa…
-     …Que si en una semana no llega un pretendiente se lo tendrá que elegir victoria

Aterradas se miraron no pudieron seguir con la practica ya que doña victoria entro a la habitación

-     ¡que tanto hablan! ¡Por que no esta lista la comida! Y tu por que no le ayudas a luisa siéntate a trabajar.
-     Si, madre

Elizabeth pensó que doña victoria se iba a ir pero no, como si sospechara se quedo ahí hasta que estuvo lista la comida.
Doña victoria pensaba que algo iba mal, pero no sabia muy bien en que, obvio se trataba de Elizabeth, tenia un brillo desquiciado en los ojos, y eso la inquietaba a sobremanera, por lo tanto no la dejo sola ni siquiera un minuto al día. Luego que estuvo listo el almuerzo, le ordeno que la bañara. Elizabeth pasaba por el humillante hecho de tener que bañar a su madre, ese era su trabajo y lo tendría que hacer hasta el fin de sus días. Luego de esto pasaron al comedor a comer, después la mando a lavar los platos sin quitarle los ojos de encima, pero Elizabeth no se complicaba mientras refregaba los plato sonreía solo de pensar que faltaban unas cuantas horas para encontrarse con Eduardo pero aun así se le hacia muy lejano, después de esto Elizabeth  siguió haciendo lo mismo de todos los días, después de lavar los plato, se pone a planchar la ropa, alimentar a los animales, le ayudaba a su mama luisa a preparar la once, luego se disponía a su habitación a tejer, leer o hacer lo que quisiera hasta que Gertrudis le iba a avisar que la once estaba servida.

¿QUE LES PARECIO? AMM ?? ESTA MUY LARGO CHICAS SI ES MUY
LARGO ME LO DICEN Y LO HAGO MAS CORTO
NO IMPORTA.... BUENO LAS DEJO Y ESPERO LO AYAN DISFRUTADO
LAS QUIERO.... KISSES

martes, 28 de junio de 2011

Personajes de La fuerza del amor

Personajes de la novela La fuerza del amor…

Eduardo Sotomayor… 19 años. Hijo del coronel Sotomayor… envidiado por hombres, amado por mujeres… pero el quiere entregar su alma a una sola persona, sin importar los obstáculos. 
Elizabeth Vásquez… 17 años. Es una joven amable y servicial, siempre pendiente de su entorno, piensa y actúa por los demás, y nunca por ella. Nunca se fijo jamás en un hombre, ya que estaba prohibido, pero al amor nadie lo para,  y menos cuando se quiere hacer presente.

Victoria Viuda de Vásquez una mujer con carácter fuerte, posesiva, fiera con lo de ella, odia las cursilerías. Le gusta todo perfecto, sin dudas una mujer de armas a tomar


Fernanda Vásquez, una mujer sencilla, sin prejuicios, siempre pendiente de sus hermanos y madre, es bastante extrovertida y alegre, nunca a tenido un amor de eso que no se olvidan. Pero esta rodeada de hombres que la asechan


Regina de Vásquez vive para causar daño, al igual que su madre, odia a su hermana Elizabeth y daría lo que fuera por verla hundida, sueña con casarse a costa de lo que sea, pero no con cualquier hombre, si no con aquel que desea su peor enemiga, que a la vez es su hermana. 








sábado, 18 de junio de 2011

la fuera del amor cap 4











Elizabeth estaba desconcertada, no entendía a que secreto se referían  ¿Qué era eso tan grave capaz de frenar a Doña Victoria? Nunca había visto que su madre le tuviera miedo a nada y ¿Qué tenia que ver mama luisa en todo esto?  La pena y el dolor no la dejaban pensar con claridad. Le dolía tener que agachar la mirada cada vez que este el estuviera cerca.
Luisa tomo la mano de su protegida y se la llevo de la cocina. Elizabeth llevaba la boca con sangre. Fernanda que estaba ordenando la sala donde se había hecho la fiesta preocupada dejo una bandeja a un lado y se dispuso a seguirla. Pero  se escucho un grito.

¡¡Fernanda quédate donde estas y termina lo que estabas haciendo, no hay nada que mirar!!
-     Si, madre

Fernanda quedo mirando a Elizabeth con el dolor en el rostro, se sentía tan impotente al no poder defender a su hermana pero tampoco se podía enfrentar a doña victoria ya que todos le tenían miedo, no aguantaba la hora de que su madre se fuera a acostar, para recurrir al lado de su hermana y consolarla hasta el cansancio.
Mama luisa se encerró en el cuarto de Elizabeth, está lloraba desconsoladamente en el regazo de mama luisa.

-     mi niña hermosa, nunca te he visto llorar tanto. Me tienes preocupada.
-     Si, pero lloro, lloro con el pecho apretado, por que me gusta Eduardo y nada puedo hacer- Luisa suspiro
-     Sabía que algún día te iba a pasar.  

Elizabeth se sorprendió al sentir una lagrima caer desde arriba aterrizando en su mejilla, se afirmo de su codo para asi elevarse y ver el rostro de mama luisa.

-     ¿mami por que lloras? Te juro que no quería que te pusieras triste por mí.
-     No es eso hija.
-     ¿Qué es entonces? Cuéntame que es lo que sucede- pero luisa aguardo silencio, ella sabia que en algún momento Elizabeth tenía que saber la verdad o al menos parte de ella. Pensando en esa razón se dio valor de hablar.
-     ¿Tú sabes que yo soy mayor que tu madre? –Elizabeth asintió- bueno… - luisa vacilo- yo soy la… la hermana mayor de victoria.

El rostro de Elizabeth reflejaba el pánico, y la sorpresa. Siempre  se había preguntado por que su mama luisa nunca se había casado ni tenia hijos. Ahora sabia la respuesta: tubo que cuidar a su madre hasta el ultimo día de su vida. Y lo peor de todo, que al ver esos ojos grises humedecidos surcados con arrugas alrededor, se veía a ella misma años después.

-     Me enamore – prosiguió luisa-  ame a un joven mas que a mi vida, el era todo para mi y yo para el, pero mi madre y sus tradiciones – las dos suspiraron a la vez- me separo de el y lo casó con mi hermana.
-     ¡¿Qué?! ¿mi… mi padre?
-     Si, nunca nos pudimos olvidar. Al cabo de los años yo tuve que irme al extranjero a causa y voluntad de mi madre.  cuando ella estaba en los últimos días de su vida yo regrese. Y aunque no lo creas yo he sido la que ha hecho que victoria y toda gente que lo sabe guarde el secreto, yo misma me convertí en la cocinera de esta casa. No quiero  que la gente ande hablando de mí. Y que ande inventando cada cosa por allí. Para ellos aquella niñita de aspecto apenado, se fue de la casa un día y no volvió jamás.
-     No puedo creer que mi madre te allá hecho eso.
-     No lo creas, ella no quería casarse, bueno ella no lo ama…bueno ya basta de charla.
-     Pero yo quiero saber
-     todo a su tiempo preciosura algún día todo se va ha saber.
-     lo siento mucho por ti mamá.

Y se abrazaron fuertemente,  Elizabeth por un lado se alegraba de saber que su nana, que su guía, su consuelo, su protección, su madre en muchas maneras compartía su sangre, pero por otro lado, en pocas palabras había visto su futuro en un par de minutos, ella arrugada, sin esposo, ni perro que le ladrara, atendiendo a su hermana y sus hijos.
Se escucho como se habría la puerta, miraron asustadas pero solo se trataba de Fernanda. Quien corrió a abrazar a su hermana y la nana de la casa. Elizabeth lloraba más aun mientras que luisa le contaba a Fernanda todo lo ocurrido.

-     Ya no llores mas- Fernanda le acariciaba el pelo a su hermana.- no todo esta perdido.
-     Claro que lo esta. ¿no oíste a mama? Ella no permitirá que me acerque a Eduardo.
-     Pero es que… Eduardo no tiene dueña… además el no permitirá que lo alejen de ti.
-     Ahí Fernanda- se quejo Elizabeth- lo dices como si supiéramos que yo igual le gusto a el.
-     Yo lo se.- replico ella. Con un deje de entusiasmo.
-     Ahí por favor- se volvió a quejar Elizabeth.
-     Hermanita. Yo se lo que dijo. Eduardo se lo dijo a mamá- Elizabeth la escuchaba con los ojos abiertos por la emoción, mientras que Fernanda relataba detalle a detalle lo que había escuchado en la sala.
-     no importa que nos gustemos mutuamente no podemos hacer nada. Ni el ni yo, el destino ya esta escrito y el va a terminar enamorándose de Regina y yo cuidando de mi madre hasta su muerte
-     ¡No! – gritaron Fernanda y luisa a la vez-
-     Tienes que luchar por ese amor – procedió Fernanda
-     ¿Te acuerdas lo que hablamos recién? –Pregunto luisa, Elizabeth asintió- no quiero que suceda lo mismo.
-     Pero… pero
-     ¡Pero nada!- Repitieron las dos.

Elizabeth estaba confundida y con el corazón destruido. No sabia que pensar.
-     voy a la playa necesito estar sola un rato.
-     claro -le dijo Luisa- todo lo que quieras todavía es tu cumpleaños- le dedico una sonrisa
-     piensa en lo que te dijimos – intervino Fernanda. Elizabeth solo sonrió.

Elizabeth tomo una manta de encima de la mecedora y salio de la casa. No había nada mas que le gustaba el salir de noche a caminar por la playa era lo único que la llenara de paz y tranquilidad después de un día de estrés, sobre todo ese día que habían ocurrido tantas cosas. Parecía que le explotaría la cabeza y todo en el día de su cumpleaños. Era como si su mala suerte la persiguiera… pero habían cosas que ella rescataba de aquel ftálico día; su madre antes de que pasara el desastre, se había acercado a ella de un manera que nunca imagino, conoció a una persona que por primera vez despertó sentimientos que ella no pensaba sentir jamás, pero toda la felicidad se desvaneció en cuanto vio a Regina mirando a Eduardo como si fuera de su propiedad, supo que era un amor imposible, la advertencia hecha por su madre no se iba de su mente, se quedaba allí torturándola, siempre que la intachable Doña Victoria prometía algo lo cumplía, y no había fuerza sobrehumana que pudiera con ella. A eso se le sumaba el hecho de la confesión que  le dio su mama luisa, que en realidad era su tía. Elizabeth pensando en todo esto recorría toda la playa caminando tristemente, imaginándose como seria su vida después de ese día. Empezó a caminar mas rápido al ver una sombra caminando en dirección hacia ella, era muy tarde y la gente común no solía pasear por la playa. Por la neblina no se podía ver bien quien era. Pero que mas daba, no se preocuparía por las personas que caminaban al igual que ella por la playa.
Agacho la cabeza y siguió caminando, tratando de no mirarlo, el paso por su lado, y algo hiso que ella se girara a verlo, parando bruscamente su andar. El también se le había quedado mirándola. Y si conocía a ese hombre. Lo había conocido esa tarde, en su fiesta, y que probablemente cambiaria su vida por siempre. Eduardo la miraba con esos ojos que fácilmente podrían prenderle fuego a las olas, una sonrisa radiante se extendió por el rostro de aquel muchacho, y a Elizabeth le cubría el rostro un rubor involuntario, fue incapaz de resistirlo y le devolvió la sonrisa, aunque de inmediato escucho la voz de su madre, de entre su cajón de los recuerdos, esa advertencia la seguiría por siempre, cada vez que lo viera.
Agacho la cabeza y se apresuro a irse. Pero como era de esperarse Eduardo se lo impidió, entrelazando sus dedos entre los de ella. A Elizabeth se le corto la respiración cuando el se acerco a ella y le acaricio con su dedo índice el labio roto por el golpe de doña victoria. Esté tragaba dificultosamente tratando de deshacer el nudo de su garganta.

-     yo… lo lamento mucho, nunca pensé… yo no sabia que iba a ocasionar tantos problemas, lamento haberle estropeado así un día tan especial.

A  parte de hermoso era inteligente e intuitivo. Pensó Elizabeth.

-     no se preocupe, no fue culpa suya usted no sabia nada soy yo la lamenta ocasionarle este tipo de problemas tan embarazosos.
-     pero como dice algo asi, lo que le dije a su madre es cierto no se como ni por que pero algo muy raro y fuerte me pasa cuando estoy con usted y no estoy 
     dispuesto a dejarlo ir.

Holaaa chicas.... como les va? espero que de maravilla. 

ven? actualice mas seguido Gracias a sus magnificos comentarios
que siempre me suben el animo. 
espero les aya gustado el capi. y espero sus comentarios hee?
besos!


sábado, 11 de junio de 2011

Grita. No calles (oneshot)

Holaa chicas...  bueno vengo con un oneshot algo extraño... nunca habia escrito algo asi es raro. pero me gusto como quedo. espero tambien les guste besos !


Grita. No calles

Grita, llora, muerde, rasguña.
Pero de aquí no saldrás
Salta, pega, lamenta destroza.
Pero no hay salida para ti.
Ten tengo aquí atrapada, en la oscuridad.
Solo somos tú y yo.
Nadie mas lo vera.
Grita, muerde, patalea.
Pero ha llegado tu hora.
Tu destino esta aquí.
Yo soy tu destino.
Oh si, yo… tu asesino tu peor pesadilla.
Ruega, rompe, destruye
Pero serás mía, y luego te matare, pronto solo serás ceniza.
Pero cuando yo quiera, solo cuando haya acabado de utilizarte.
Como planee, como esta predestinado.
Corre, busca, mira.
Pero no hay salida.
Pégame, insúltame, hiéreme.
Pero tu cuerpo tomare.
¡Quiero que grites, que llores!
¡Suplícame que no quieres más!
Mientras mas fuerte mejor. Mayor placer para mi.
No… No… No.
No calles. ¡Grita!
¡Grita fuerte! ¡Cada vez que duela!
Quiero ver sangre. Sangre derramándose de tus ojos.
Quiero beberla. Beberla para saciar mi sed.
Muévete, reacciona ¡defiéndete!
¿Qué pasa?
¿Por qué ya no te quejas?
¿es que ya te he matado?
Si es así… entonces buscare a otra victima. Duraste poco viva. No eres tu a la que busco. Lamentablemente otra pagara el precio. 

miércoles, 25 de mayo de 2011

la fuera del amor cap 3


Ola chicas… si, si se que ha pasado muchísimo tiempo desde la ultima actualización, y se que se preguntaran que con que cara vengo a publicar esta historia jajaj… lo siento de veras, no daré escusas no las tengo, solo dejación pero intentare publicar mas seguido, se me cuidan las quiero mucho…. Y déjenme sus comentarios para saber si les gusto el capi sip? (y mas encima pido comentarios xD!)

Elizabeth se sentía muy observada con muchas miradas dirigidas hacia ella, pero de pronto sintió que una de estas era mucho más fuerte, la busco hasta que sus ojos se toparon con unos de un verde intenso, sin poder dejar de observarlo, de pronto sintió como se le aceleraba el pulso, el corazón le latía como las alas de un colibrí, sentía que de un momento a otro saltaría fuera de su pecho, notó que un rubor invadía sus mejillas por lo que desvío rápidamente la mirada. Elizabeth tiritaba de pies a cabeza, ni siquiera se dio cuenta de quienes la saludaban. Sentía un cosquilleo que recorría todo su cuerpo. Se sentía observada y ahogada, quería salir de allí lo antes posible, por lo que decidió retirarse a la cocina, donde se encontraba su mama Luisa. Giró sobre si misma y se encontró con aquellos ojos que tanto la habían perturbado. Comenzó a sudar frio rezando por no desvanecerse frente a el, cuando este se acerca aun más, dirigiéndole la palabra.
  
-     Feliz cumpleaños señorita Elizabeth, es un gusto conocerla, me presento, mi nombre es Eduardo
-     Eh… gracias

¡Que idiota! Se regaño ella misma, ¡ni siquiera le regalaste una sonrisa! Pero ya era tarde y su madre comenzó a despedir a los invitados

- pero antes que se marchen quiero presentarles a una persona – hablo doña victoria- ¿Eduardo me harías el favor de venir? ¿Eduardo?

Elizabeth se dio cuenta de que aquel muchacho no le quitaba la vista de encima, pero con desgana se dio la vuelta hacia donde seguía su madre, lo peor del asunto era que doña victoria era muy  perspectiva y se dio cuenta de aquellas miradas furtivas que se enviaban.

-     Quiero darle la bienvenida al hijo del coronel Sotomayor, estará por un tiempo en nuestra humilde localidad, y espero que se encuentre a justo
-      
Pasaron varias cosas mientra doña victoria hablaba. Eduardo sin prestar atención alguna a la cordial bienvenida de Victoria, le sonreía descaradamente a Elizabeth, haciendo que el rubor de ella los delatara. Con el corazón el la mano, latiéndole como nunca lo había hecho, le devolvió tímidamente una cortes sonrisa, apenas estirando los labios, pero todo esfuerzo para sobrellevar la timidez fue en vano, ya que Eduardo giro su mirada hacia su costado. Elizabeth siguió el transcurso de su mirada, encontrándose con el rostro demasiado entusiasmado de su hermana por que Eduardo la miraba, en ese mismo instante Elizabeth se dio cuenta que Regina estaba interesada en el, una gran tristeza invadió su interior, sin explicación. Eduardo desconcertado volvió a fijar su atención en Elizabeth y otra sonrisa afloraba en sus carnosos labios, pero se desvaneció de inmediato, quizá que había en el rostro de la cumpleañera. Elizabeth sabia que ese hombre era prohibido para ella, incluso mirarlo si quiera, dio media vuelta, quería alejarse de allí. Pero sintió que alguien la jalaba del brazo deteniendo su andar y, pero eso no fue lo que le impresiono y la dejo sin aliento, aquel rose fortuito, había despertado emociones desconocidas  en ella, se giro para mirar quien le impedía avanzar y la sorpresa que se llevo la dejo boquiabierta, era Eduardo, Elizabeth se ruborizo al instante de solo pensar en los sentimientos que había experimentado cuando el toco apenas su brazo.
Eduardo movió sus labios, queriendo hablar, pero ningún sonido salió de su boca, parecía nervioso, carraspeo y volvió a intentarlo

-     ¿Qué le paso?- pregunto angustiado- estaba usted deslumbrante y de un momento para otro sus ojos se llenaron de tristeza

Elizabeth sintió rabia por primera vez en su vida le dieron ganas de quejarse, de contarle a ese hombre que por primera vez en su vida sentía unos celos enormes por su hermana, que odiaba la maldita tradición de su madre, que lo único que había logrado era destruirle la vida.

-     nada que a usted le incumba y nada que usted pueda hacer, con permiso – le dolieron aquellas palabras mas de las que pensó al pronunciarlas, pero era lo mejor, así el se alejaría de ella y todo seria mas fácil.
-     pero…

Antes que Eduardo dijera otra palabra mas Elizabeth se zafó de su brazo y se dirigió a la cocina con lágrimas recorriendo sus mejillas, allí pasó varios minutos hasta que se acabara la fiesta.

En la otra habitación, quedo Eduardo descorsentado, preocupado y apenado por la tristeza de Elizabeth se dirigió hacia doña victoria para despedirse

-     ¿pero como ya se va?- pregunto esta muy amablemente
-     Si doña victoria, esta fiesta no tiene sentido sin su hija en presencia – Eduardo se consideraba un hombre que va por la verdad por delante
-     Ha pero eso se puede solucionar ¡Regina!
-     ¡No, no, no! Me entendió mal, no me refería a esa hija, me refería a Elizabeth

Doña victoria puso cara de pocos aminos, es mas eso es quedarse corto, justo al tiempo que Regina se posicionaba a su costado con una sonrisa de oreja a oreja y Eduardo se asusto (si los dientes sobresalían de los labios de Regina cerrados imagínenla sonriendo)

-     ¿si mami? – pregunto con una voz llena de alegría
-     Nada bebe, vuelve a donde estabas

La cara de Regina se descompuso claramente esperaba otra cosa, se desvaneció la sonrisa y Eduardo se relajo a la vez, enojada  se retiro

-     ¿por que dice eso de Elizabeth? – le pregunto doña victoria a Eduardo con la confusión escrita en el rostro.
-     yo soy un hombre de palabra y sincero…  le confieso que me encanto su hija, la encuentro la mujer más hermosa que he visto en mi vida, sentí como si la conociera desde siempre.

A doña victoria se le cayó la mandíbula, no podía ni quería dar créditos a los que sus oídos oían, una ola de rabia le recorrió todo el cuerpo, ella querría que Eduardo se casara con su querida Regina no con Elizabeth.

-     lo siento mucho Eduardo, pero mi hijo no puede tener ningún romance con usted, ni hoy ni nunca- sentencio con la voz endurecida por el coraje – Eduardo le empezó a entrar el pánico y a imaginarse una y mil cosas sin sentido
-     ¿es que ella tiene novio?
-     No Eduardo ella no tiene novio, ni puede tenerlo, ella nunca va a conocer el amor, ella esta destinada a cuidar de mí, hasta mi muerte.
-     ¡¿Qué?! Pero… ¡pero como es posible!
-     Si, si es posible, y lo es por que lo digo yo.- sentencio furiosa
-     Déjeme decirle doña victoria, pero yo no renunciare a su hija por una estúpida tradición.
-     Discúlpeme, pero ella es mi hija y lo que yo digo respecto a ella se hace sin peros ni objeciones

Doña victoria lo dejo allí mas desconcertado aun y al igual que ella furioso. Pero tal furia no se podía comparar con la de ella, que con paso firme se dirigía hacia la cocina mientras Regina curiosa la seguía.
En la cocina estaba Elizabeth llorando desconsoladamente en el hombro de su mama luisa. Cuando entraron a la cocina doña victoria y Regina, Rosalie se enderezo y limpio sus lágrimas, su madre furiosa la miro a los ojos, cruzo el cuarto en tres grandes zancadas tomando una cuchara de palo a su paso, y el cruzo la cara con ella, después del golpe Rosalie escondió su rostro en el pecho de mama luisa, doña victoria la jalo del pelo para volverla hacia ella, quedando cara a cara con su madre, Elizabeth cerro los ojos nuevamente segura que vendría otro golpe, pero nada sucedió, temerosa entre abrió los ojos, para quedarse sorprendida de que su mama luisa una vez mas había salido en su defensa.

-     ¡siempre he aguatado que hagas lo que quieras con la niña, por que eres su madre pero no lo pareces, pareciera tu peor enemiga victoria! y conozco la historia pero al fin al cabo es tu hija aya pasado lo que aya pasado, no la puedes tratar asi!
-     ¡tú no te metas!
-     ¡Me meto! ¿Que te hizo ahora? victoria yo te he guardado tus secretos pero soy capas de sacarlos a la luz para que dejes en paz a esta niña

Doña victoria abrió los ojos como platos y soltó a Elizabeth, la miro fijamente a los ojos y le dijo

-     no quiero que te acerques a Eduardo Sotomayor o si no, no abra fuera, ni secreto alguno que me detenga, el es para tu hermana y voy a hacer hasta lo imposible para que estén juntos ¡me escuchaste bien! Además no andes mirándolo ni a el ni a ningún otro ¡tu no te puedes casar entiéndelo de una vez por todas! ¡y déjate de andar lloriqueando en las faldas de los demás! ¡ese es tu destino asúmelo! 

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